Phillip Farkas (1914-1992) fue corno principal en las orquestas de Chicago, Boston y Cleveland, profesor en Indiana University, autor de tres libros y uno de los fundadores de la International Horn Society. Este artículo fue publicado originalmente en su libro “The Art of Musicianship”.

Por Phillip Farkas

 (Traducido por Keith Eitzen y Karla Aranely González Barrajas)

Probablemente la queja más frecuente emitida por un músico intérprete suele ser: “Me pongo tan nervioso cuando tengo que tocar ante un público que no puedo dar mi mejor actuación” o la ansiedad se expresa en forma de pregunta: “¿Cómo supero este miedo escénico que inhibe tan severamente mi verdadera capacidad?” Esta es una pregunta muy importante y a menos que se responda adecuadamente, el ejecutante nunca podrá alcanzar el éxito que de otro modo estaría asegurado.

Hay tres capacidades absolutamente necesarias que todo músico debe poseer para convertirse en un intérprete exitoso: el comando técnico para lograr cualquier efecto musical deseado, el buen gusto de usar esta técnica musical y artísticamente, y el coraje para lograr ambos frente a una audiencia. Cuando falta alguno de estos tres atributos, el músico no puede tener éxito como intérprete. Con mucha frecuencia esta tercera capacidad (coraje frente a una audiencia) es el ingrediente que falta en la fórmula del éxito.

Solo el artista de escenario (músico, bailarín, actor) se enfrenta a este desafío imponente. Afortunadamente para el compositor, el autor, el pintor o el escultor existe la posibilidad de trabajar en su creación particular hasta que esté lo más cerca posible de la perfección antes de exhibirla públicamente. Al menos, si tiene un momento de ansiedad en la “revelación”, será “después del hecho” y, bueno o malo, esto es lo que ha creado.

El artista ejecutante, por el contrario, no sabe cómo se desarrollará su actuación hasta que realmente la presenta directamente frente a su público. El público sabrá si fue bueno o malo tan pronto como el propio intérprete. Aquí, creo, se encuentra la principal causa de nerviosismo en el intérprete: para cuando sabe lo bien que se desempeñó, también lo hace la audiencia y un mal desempeño no puede ser reparado o retractado.

Comencemos esta investigación de la conquista del pánico escénico analizando la observación que acabamos de hacer. Si el nerviosismo en el escenario se debe en gran parte a no estar seguro de qué tan bien se tocará, cualquier estudio o práctica previa a la presentación es muy importante, ya que ayudará a desarrollar precisión y confiabilidad; y como se espera tocar públicamente durante toda la vida, la mayor parte de la rutina de estudio debe incluir procedimientos para fomentar la confianza y la adquisición de precisión. ¿Cuáles son estos procedimientos? Uno de ellos ciertamente debe ser la repetición. Perfeccionar el rendimiento en el canto o tocar un instrumento es en gran medida una cuestión de ensayo y error. En el estudio de un pasaje musical difícil, esto simplemente significaría repetir el pasaje una y otra vez, tratando de eliminar uno, o incluso todos los defectos ya sean musicales, técnicos o físicos.

Supuestamente, quizás después de numerosas pruebas, se logrará una ejecución perfecta del pasaje problemático. En este momento, frecuentemente se puede cometer un grave error : El intérprete puede dar un suspiro de alivio y decir: “¡Por fin!” y pasar al próximo pasaje, que es el error. Las repeticiones ​​previas no constituyeron estudio, simplemente eran un medio de eliminar errores, tal vez uno por uno. Cuando finalmente se logra una actuación perfecta, entonces, y solo entonces, el ejecutante está listo para comenzar el estudio de ese pasaje. Las repeticiones previas solo demostraron las muchas formas de cómo no reproducir el pasaje. Ahora, después de lograr finalmente una versión perfecta, el proceso de repetición comienza en realidad. Ahora es el momento de estudiar el pasaje una y otra vez, cada vez tan impecablemente como la vez anterior. Incluso un jugador estaría de acuerdo en que diez actuaciones defectuosas seguidas de una actuación perfecta no colocan las probabilidades a favor de una próxima actuación perfecta; preferiría probabilidades basadas en varias actuaciones defectuosas seguidas por veinte o treinta perfectas. ¡Y tú también deberías! Este tipo de práctica repetitiva no solo genera confianza perfeccionando la técnica necesaria para el pasaje; sino que cumple otra condición muy favorable en la conquista de los nervios: programa a la computadora. Permítame explicarlo, creo que la naturaleza ha incorporado en cada mente humana una computadora que puede usarse conscientemente, o que, incluso si se ignora, funciona en la mente subconsciente.

En el estudio repetitivo que propongo, esta computadora está “sumando” fielmente los repasos malos con los buenos. Cuando el intérprete finalmente sube al escenario para la actuación real, esa computadora, le guste o no, va a recordarle a su mente subconsciente que las probabilidades son muy buenas a favor de un concierto perfecto: ¡noventa y nueve “buenos” a solo cuatro “defectuosos” ¡RELAX! O la computadora podría decir: “¡Oh-oh, aquí viene ese pasaje difícil que te pierdes aproximadamente una de cada tres veces!” “Quizás puedas hacerlo, pero será mejor que te esfuerces”.

Definitivamente no existe una cura más potente para el pánico escénico que el conocimiento de que puedes hacerlo. Y la única forma en que puedes saber que puedes hacerlo es saber que lo has hecho, tal vez cientos de veces. Entre más veces, mejor. Esa computadora no puede ser ignorada. Un resultado de este enfoque de “repetición” para el control de los nervios es el desarrollo consciente de un gran desagrado con uno mismo cada vez que se produce un error en la práctica después de que se haya perfeccionado supuestamente un pasaje.

Con mucha frecuencia cuando se comete un error durante la práctica, la actitud es: “Oh, bueno, gracias a Dios nadie escuchó eso, debo ser más cuidadoso en el concierto”. Este hábito de ser descuidado al estudiar simplemente porque nadie más lo escuchará, pero tener mucho más cuidado cuando estás en el escenario, simplemente no funciona. El contraste entre el descuido relajado en el estudio privado y el mayor cuidado combinado con la tensión de actuación pública cuando se está en el escenario es demasiado grande.

Nuestro objetivo es minimizar el contraste entre la práctica de estudio y la actuación pública, no añadir un ingrediente adicional (preocupación) en el concierto. Este contraste molesto se puede combatir teniendo mucho cuidado en el estudio en casa. Se tan serio sobre obtener la perfección como si miles de personas estuvieran escuchando. Después de todo, tu crítico más severo está ahí , al menos lo es si eres inteligente.

 Se lo más cuidadoso que puedas, presiónate, intenta con toda la determinación posible. Al hacer esto, simplemente estás ensayando la actitud que estás obligado a asumir en el escenario. Cuando llegues al escenario, el contraste será menos notorio. Estás tenso, sí, pero es muy poca la diferencia con la tensión que indujiste cuando realmente trabajaste durante tus sesiones de estudio. Ahora, ve un paso más allá: intenta de manera muy consciente relajarte en el escenario. Afloja los músculos tensos, adopta una postura más relajada, usa el “pensamiento positivo”. Al usar gran diligencia y cuidado en el estudio y luego relajar tanto como sea posible en el escenario, se puede igualar las dos actitudes hasta el punto en que la actuación pública no es muy diferente del estudio diario.

Aquí hay otra consideración para combatir el nerviosismo en el escenario: Las glándulas suprarrenales del cuerpo inyectan adrenalina en el torrente sanguíneo cada vez que se enfrenta una situación potencialmente peligrosa, nueva o desconocida. Esta adrenalina acelera los latidos del corazón, aumenta la presión arterial, alerta a la mente y tensa los músculos en preparación para cualquier acción de emergencia. También seca la boca, hace temblar los brazos y las piernas y hace que el corazón palpite. Por lo tanto, una forma muy efectiva de reducir el miedo escénico es reducir el nivel de adrenalina. En este punto, estoy seguro de que estás pensando: “Muy bien, ¡Solo reduzco el flujo de adrenalina! ¿Pero cómo se hace?” La respuesta es simple. Recuerda que la adrenalina es inducida en el torrente sanguíneo por la percepción de situaciones peligrosas o nuevas. Reduce el peligro (de cometer errores) mediante esa práctica repetitiva mencionada anteriormente, y reduce la novedad de aparecer en presentaciones públicas apareciendo con tanta frecuencia que la novedad desaparece, así reducirás la cantidad de adrenalina que fluye a tu torrente sanguíneo.

Obviamente, este no es un proceso de un día para otro. Establecer el hábito del estudio repetitivo y cuidadoso puede llevar algo de tiempo, y tocar en suficientes actuaciones públicas también requiere tiempo, además de oportunidad. Lo que nos lleva a otro punto: con mucha frecuencia esta lucha contra los “nervios” comienza una espiral auto-destructiva. Esto debe evitarse a toda costa. La espiral comienza cuando el intérprete se niega o evita actuaciones públicas porque se pone demasiado nervioso. Dado que la cura para los “nervios” es más actuaciones en lugar de menos, obviamente esta es la peor actitud que podría adoptar.

El músico nervioso –después de ponerse en buena forma preparándose como he descrito– debería buscar todas las oportunidades para aparecer en público. Éstas no deben ser grandes o importantes ocasiones. Al principio, de hecho, cuanto más insignificante sea la ocasión, mejor. Busca oportunidades para tocar en iglesias, clubes, organizaciones fraternales, escuelas, incluso en reuniones sociales en hogares. Cada actuación exitosa será una experiencia menos traumática y llegará el día en que la adrenalina estará presente en la cantidad justa para promover una condición de gran expectativa, una condición tan necesaria para un desempeño emocionante o conmovedor.

Ten en cuenta que, como músico, estás involucrado en una actividad física extenuante, al igual que un atleta. Por lo tanto, depende de ti mantenerte en buena condición física. Cada uno de los grandes tipos de intérpretes: cuerda, viento, voz, percusión y teclado, usan diferentes conjuntos de músculos, pero todos usamos una cantidad sorprendentemente grande de ellos en nuestro trabajo, y se usan de maneras extremadamente complejas y para largos periodos de tiempo. El conocimiento, por lo tanto, de que uno está en buena condición física –con fuerza y ​​resistencia más que suficiente para actuar con vitalidad hasta el final del concierto– es una ventaja muy importante para superar el nerviosismo.

Ciertamente, todos han experimentado la sensación de bienestar y confianza que se produce cuando el cuerpo ha alcanzado un excelente estado físico mediante un amplio ejercicio, hábitos alimenticios adecuados y suficiente descanso. Esta sensación de vitalidad está destinada a contribuir a un mejor rendimiento y control de los nervios. Hay un ciclo de mejora interesante y bienvenido que ocurre cuando este bienestar físico y confianza se llevan al escenario. La confianza le permite al ejecutante comenzar con buenos resultados; los buenos resultados generan más confianza; la confianza adicional produce incluso mejores resultados, etc. Tal vez esto exagera el beneficio, pero al poner esta idea en una declaración un poco menos exuberante, no es exagerado decir que un buen comienzo servirá para calmar los nervios, y los nervios más tranquilos permitirán que la música continúe con éxito, lo que a su vez, calmará los nervios aún más. Así que no subestimes la importancia de mantener una buena forma física ya que tiene una relación directa con el control exitoso del pánico escénico y el nerviosismo.

Consideremos que hay formas de calmar los nervios con lógica y razonamiento. ¿Cuál sería, por ejemplo, la consecuencia de que realmente sucediera lo peor que podría suceder, una actuación tan mala que ni siquiera se llegó a la conclusión? El intérprete sin duda estaría disgustado, avergonzado y arrepentido. Pero nadie habría sido herido físicamente. Ciertamente, un error cometido durante una cirugía cerebral o incluso durante una amigdalectomía es mucho más grave que cualquier cosa que un intérprete de música pueda hacerle a una audiencia.

Usa esta lógica: probablemente lo peor que sucederá durante una presentación serán unas pocas notas perdidas o una pérdida fugaz de memoria. Esto no significa un fracaso completo. Incluso las grandes estrellas del béisbol tienen que contentarse con un promedio de bateo de mucho menos de 1,000. Tu actuación tampoco será perfecta. Si deseamos llevar la palabra, “perfecto” a su máxima definición, nadie en la historia de la música ha dado una actuación perfecta. ¡Tampoco tu lo harás! Por supuesto, intentarás acercarse lo más posible a la perfección. Pero no permitas que una actuación de menos de la perfección te descorazone.

Existe una fina línea de distinción entre la actitud que desalienta al intérprete debido a un desempeño menos que perfecto y la actitud de resolución para estar mejor preparado y esforzarse más la próxima vez. Y el conocimiento de que nada en esta tierra es perfecto puede ayudar a alentar al artista. Hay muchas maneras de racionalizar la importancia o la consecuencia de un concierto inminente que al ponerlo en perspectiva con el cosmos y la eternidad, minimizará su importancia abrumadora y por lo tanto, también minimizará el nerviosismo asociado con eventos portentosos, ya que éste no es así.

Lo anterior puede parecerle al lector un enfoque un tanto negativo del control del nerviosismo, pero ayuda. Solo el conocimiento de que la actuación no está asociado con el Día del Juicio Final, ni siquiera es muy importante en el esquema global del universo, es a menudo un reflejo muy tranquilizador. Recuerdo un comentario que Frederick Stock, el talentoso director de orquesta de la Orquesta Sinfónica de Chicago de años atrás, le gustaba decir y que ayuda a ilustrar esta idea. Después de un ensayo concienzudo de un pasaje difícil de la orquesta, cuando era evidente que, a pesar de todo este arduo trabajo, el pasaje no mejoraría, el Dr. Stock se encogió de hombros y dijo: “Bueno, ¡En doscientos años todo será olvidado!” Y la verdad es que no tomó tanto tiempo.

Finalmente, en nuestra búsqueda del control del nerviosismo en el escenario, estaría omitiendo una consideración bastante importante si no incluyera la fortaleza espiritual como factor contribuyente. Llámenlo fe, pensamiento positivo, gracia, creencia, o lo que quieran; el conocimiento de que no están ahí  en el escenario sin guía y solos, tiene un efecto muy fortalecedor y calmante.

Cuando era un hombre joven, de veintidós años de edad, de repente me encontré en el puesto de corno principal de la Orquesta Sinfónica de Chicago, una responsabilidad para la que no estaba realmente preparado, ni por edad, ni por experiencia. Recuerdo haberme preguntado durante muchos conciertos, cuando un solo difícil venía inevitablemente más cerca: “¿Qué estoy haciendo en este escenario, en este momento, con esta famosa orquesta? ¿Qué debo hacer ahora para estar seguro de "lograr" este solo? ¿Cómo debo poner los labios? ¿Debo respirar ahora o esperar un momento más? ¿Cómo va ese patrón de digitación? ¿Por qué? ¡oh! ¿por qué acepté esta responsabilidad?”  De alguna manera, sobreviví a este período de pensamiento negativo sin alivio hasta que llegó el momento en que podía racionalizar de una manera más positiva. ¡Y qué diferencia hizo esto! Antes, había asumido que todos los eventos que condujeron a mi compromiso con la Sinfónica de Chicago fueron completamente fortuitos: un poco de suerte aquí, un encuentro casual allá, hasta que finalmente terminé en la Sinfónica de Chicago, tan impredecible como una concha marina que se lava en una playa. Pero, con mi cambio de pensamiento, me di cuenta de que tal vez todos estos acontecimientos aparentemente azarosos no lo eran en absoluto.

Tal vez, en la escuela secundaria, cuando tuve esa pelea con el profesor de gimnasia, y el supervisor me sugirió que podía llenar mis requisitos de educación física al cambiarme a la banda de música, no solo era una sugerencia sin sentido. ¿Era una mera casualidad que el conductor del tranvía, después de decirme que ya no podía llevar mi querida tuba a bordo porque bloqueaba el tráfico, apuntó a un corno francés que llevaba otro músico, y me dijo que  sí se permitía traer "uno de ellos" a bordo? ¿Fue el destino lo que me hizo seguir su consejo? ¿Y si hubiera apuntado a un clarinete o a un violín? ¿Sería ahora un clarinetista o un violinista? Cuanto más meditaba sobre estas preguntas, más me convencía de que no era solo una casualidad, que yo no era solo una concha marina arrojada en la “orilla” de la Sinfónica de Chicago.

Así que no fue solo una serie de eventos aleatorios casuales que eventualmente me pusieron en ese puesto. Fue una serie de eventos increíblemente entrelazados y predestinados los que me colocaron ahí . Como quiera que sea, si tú lector, eliges no creer de esta manera o si he hecho un análisis completamente erróneo de mi progreso, no viene al caso. Lo importante es que yo ya no sentía que estaba en ese escenario “accidentalmente”, impotente por saber si tocaría bien o mal. Ahora sabía que estaba ahí  “a propósito”, porque estaba planeado para mí, y el fracaso no era parte de ese plan.

Se puede argumentar que fue esta nueva actitud positiva la que me dio el coraje para tocar bien, con confianza y no se debía a ningún plan celestial para mí. O uno puede afirmar que fue este plan celestial el que me dio la actitud positiva. En cualquier caso, queda un hecho: creer que estás tocando en el escenario en ese momento porque eres capaz de hacerlo, esto dará como resultado un mejor desempeño. ¿Fue porque un Ser Supremo te ayudó o fue solo porque creías en un Ser Supremo? Quizás nunca lo sepas. Pero sabrás que algo te ayudó.

Durante muchos años, justo antes de salir al escenario, leí una pequeña página tomada de un libro llamado “Pensamiento creativo para cada día” 1, que considero inspirador y fomentador de la confianza. Con la sincera esperanza de que no ofenderá a nadie y que podría ayudar a otros –ya que a mi me ha ayudado– coloco esta página al final del libro. De esa manera, si ofende tus creencias, puedes arrancarlo y destruirlo sin dañar el libro. Si te sientes neutral al respecto, puedes dejarlo e ignorarlo. Pero, si crees como yo, que es inspirador, recórtalo y guárdalo en tu estuche para que puedas leerlo justo antes de subir al escenario. Reafirmará por qué estás aquí, cuáles son tus habilidades y por qué el tuyo es un trabajo exaltado.

 ESTOY EN MI LUGAR CORRECTO

“El Señor perfeccionará lo que me concierne” Salmo 138: 8.

Ahora soy la persona que Dios quiso que fuera. Ahora estoy cumpliendo mi destino divino de manera perfecta bajo la gracia. Estoy aquí donde Él me colocó, haciendo lo que me ha dado que haga, en la forma en que me lo ha demostrado. Cuando deba hacerse de nuevas maneras, Él me motivará que lo haga a su manera. Todos los resultados están en sus manos, por lo tanto, me regocijaré en lo que hago y bendeciré la manera en que se hace.

Dios, que me ama y aprecia como su propia expresión, está en todas partes presente de manera uniforme, aprobando la obra que está haciendo por medio de mí, porque se ha colocado en el centro del ser de todo hombre. Él está por encima de todas sus obras y todo lo que hace es perfecto. No se le puede agregar nada y no se le puede quitar nada, porque Dios lo hace. Él me instruirá y enseñará en el camino que tomaré; Él me guiará con su ojo.

Anita Scofield

Publicado por Religious Science International, 885 East Telegraph Road, Fillmore, California 98015. 

Capítulo 12 de EL ARTE DE LA MÚSICALIDAD, Musical Publications, P.O. Box 66, Bloomington, 47401 EE. UU.  1976 Por Philip Farkas. Reimpreso con permiso del autor. 


“Conquering Nervousness or ‘Stage Fright’.” The Horn Call- noviembre de 1977

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